Shepherds at the manger? Nobody saw that coming.

By Craig Bird

La versión en español está disponible al final de este documento.

Come let us praise the Christmas shepherds. No, really.
Not only are they way underappreciated, most of us (me, at least) have more in common with them than with the other Nativity participants. We’re not devout enough to equal Mary, not forgiving and stoic enough to be a Joseph and neither educated or wealthy enough to be a Magi.
Rank the coveted Christmas pageant parts. How about: 1. Mary, 2. a Wise Man, 3. the proclaiming angel, 4. the innkeeper (at least he has a speaking part), 5. Joseph, 6. a shepherd, 7. an animal. (Jesus is almost always a doll.) Even though the story opens with the abiders in the field (Luke 2:8), they are assigned no lines. Who wants to be a shepherd, even if you don’t have to wear your father’s bathrobe?
Yet notice who’s first to hear a heavenly chorus greet the Second Adam’s appearance on earth, first on the scene to celebrate the Incarnation, first to tell other people about the Messiah, and first to disappear from the biblical pages (and, pretty much, from institutional Christian memory).
So, who are these guys and why does it matter that Luke open his account with them? And why do living, breathing shepherds disappear from the rest of the New Testament? Why are there no shepherds among the fishermen and zealots and tax collectors who make up Jesus’ disciples? No shepherds asking to be healed? No shepherds at the Last Supper or at the foot of the Cross?
Short answer: In Jesus’ day shepherds occupied the lower rungs of Jewish society, even though in early history the opposite was true. (See Abraham, Jacob and Moses.) One theory is that during their 400 years in Egypt, the Hebrews absorbed and adopted the Egyptian disdain for both the animals and the men who raised them.
And despite an apparently brief return to respectable status when the shepherd boy David became King David, by the time of Luke’s account they again were the Jewish untouchables, sneeringly and condescendingly referred to as am haaretz, “people of the land.”
Proper folks kept a distant distance. Good Jews paid strict attention to the cleanliness rules in Leviticus that determined who was worthy of entering the temple to worship. Chief among them was the admonition to avoid contact with dead things or feces—or anyone who came into contact with dead things or feces. Hello shepherd job description.
Plus, they smelled like the sheep they slept with. So can these outcast, hygiene-challenged, nameless characters around the manger enrich our 2017 celebration of Christmas? How? Let us count the ways.
–They were just some of the guys, doing their job and considered unimportant by others and themselves. But God not only came to them, they got the full angels-and-bright-lights show. Today gals and guys who identify with those emotions can sing “Joy to the World” because God comes to us too. In the middle of whatever we are doing we are welcome, we are loved.
–Their encounter with the Holy began in speechless terror and awe, moved to muted wonder and awe and left them proclaiming with joy and awe. That’s the recommended trajectory for God encounters. We celebrate a Savior who is available to absorb our fears and let us unwrap—and share–gifts of joy and meaning.
–They met God, weak and helpless, in a stable. Now that was an environment they understood. This Messiah wasn’t barricaded behind Temple walls they could never breach. And the stench of cows and donkeys somehow made sheep smell acceptable. We rejoice because God is at home in our world and available to us where we live.
All great reasons to sing Noel.
But the biggest bow wraps around the amazing fact that, though shepherds never appear again in the Gospels, not even as one of the guys, Jesus gives prominent roles in his teaching to am haaretz.
He is deeply moved with pity for the crowds who were like sheep without a shepherd (Matt. 9: 36). Judgement is the separation sheep from goats (Matt. 25: 33). He self-identifies as the Good Shepherd (John 10: 1-5)
As they leave the Upper Room after the Last Supper and head for the Mount of Olives Jesus quotes Zechariah’s to the soon-to-be-devastated disciples, “I will strike the shepherd, and the sheep of the flock will be scattered” (Matt. 26:30-31). Clearly, he is the one who will be struck, and much sooner than they realize.
The Shepherd Jesus makes a final dramatic appearance in Revelation 12. In this overlooked Christmas story, the incarnation is recast in apocalyptic imagery. Mary, clothed with the sun, the moon under her feet and a crown of 12 stars on her head, labors to deliver her baby. Satan, the massive and mighty Red Dragon, awaits the birth so he can devour the newborn.
But the infant “will shepherd all the nations” (for some reason KJV, NIV and many other versions render the Greek word poimainó “rule the nations” but it translates literally “to act as a shepherd” according to Strong’s Bible Concordance) is snatched to the safety of God’s throne while Michael and his angels prevail in a war with Satan and his angels (Revelations 12:5).
It makes my Christmas very merry indeed that my fellow people of the land were the first to welcome the one who will rule the nations. And he saw himself in them.
Come let us celebrate the Christmas shepherds. Really.

wilderness point mug

Craig Bird is Assistant Professor of Missions and Cross Cultural Communications.

La versión en español está disponible aquí.

¿Pastores cerca del pesebre? Nadie se lo esperaba.

Por Craig Bird

Traducido por Nora O. Lozano

Vengan, vamos a alabar a los pastores de la navidad. No, de verdad.
No sólo son poco apreciados, sin embargo, la mayoría de nosotros/as (yo, al menos) tengo más en común con ellos que con los demás participantes en el nacimiento de Jesús. No tenemos la devoción suficiente para igualar a María, no somos personas suficientemente indulgentes y estoicas como para ser un José, ni tenemos la educación o riqueza suficientes como para ser uno de los magos.
Categorice a las codiciadas participaciones del drama de navidad: 1. María, 2. un mago, 3. el ángel proclamando, 4. el posadero (al menos él tiene una parte donde se habla), 5. José, 6. un pastor, 7. un animal. (Jesús casi siempre es un muñeco). Si bien la historia empieza con estos personajes que guardaban las vigilias de la noche (Lucas 2:8), a ellos no se les asigna ninguna línea de diálogo. ¿Quién quiere ser un pastor, aun y que no tuviera que usar la bata de baño de su papá?
Sin embargo, observe quienes son los primeros en escuchar un coro celestial que le da la bienvenida a la aparición del segundo Adán en la tierra, los primeros en la escena para celebrar la encarnación, los primeros que les cuentan a otras personas acerca del mesías, y los primeros en desaparecer de las páginas bíblicas (y casi de la memoria cristiana institucional).
Entonces, ¿quiénes son estos personajes y por qué es importante que Lucas abra su narrativa con ellos? ¿Y por qué los pastores, que estaban vivos en ese tiempo, desaparecen del resto del Nuevo Testamento? ¿Por qué no hay pastores entre los pescadores, los zelotes y los recaudadores de impuestos que forman el grupo de discípulos/as de Jesús? ¿No hay pastores pidiendo ser sanados? ¿No hay pastores en la última cena o al pie de la cruz?
Respuesta concisa: En los días de Jesús, los pastores ocupaban los peldaños más bajos de la sociedad judía, aunque en la historia primitiva sucedía lo contrario. (Véase Abraham, Jacob y Moisés.) Una teoría es que, durante sus 400 años en Egipto, la gente hebrea absorbió y adoptó el desdén egipcio tanto por los animales como por los hombres que los criaban.
Y a pesar de un aparente y breve regreso a un estatus respetable cuando el joven pastor David se convirtió en el rey David, para el tiempo de la narrativa de Lucas, nuevamente los pastores eran los judíos intocables, a quienes se les definía, en un tono burlón y condescendiente, como am haaretz, “gente de la tierra”.
La gente de bien los mantenía a la distancia. Las personas judías buenas y respetables prestaban atención estricta a las reglas de pureza del Levítico, las cuales determinaban quién era digno de entrar al templo para adorar. Una de las reglas principales era la advertencia a evitar el contacto con cosas muertas o heces, o con cualquier persona que entrara en contacto con éstas. Dele la bienvenida a la descripción del trabajo de pastor.
Además, ellos olían a las ovejas con las que dormían. Entonces, ¿pueden estos personajes desterrados, desafiados por las reglas de pureza, y sin nombre alrededor del pesebre, enriquecer nuestra celebración de la navidad en el 2017? ¿Cómo? Vamos a contar las maneras:
– Eran sólo algunos de los muchachos, haciendo su trabajo y considerados sin importancia por las demás personas y por ellos mismos. Pero Dios no solamente se acercó a ellos, sino que ellos obtuvieron el espectáculo completo de los ángeles y las luces brillantes. Hoy las chicas y chicos que se identifican con esas emociones pueden gozarse y cantar de la misma forma, porque Dios se acerca también a nosotros/as. En medio de lo que estamos haciendo, recibimos la calurosa bienvenida de Dios también, y podemos sentir su amor.
– Su encuentro con el Santo, el cual comenzó con un asombro y terror que los dejó sin palabras, se tornó hacia un asombro y maravilla, los cuales los llevó a proclamar con asombro y regocijo. Esa es la trayectoria recomendada para los encuentros con Dios. Celebramos a un Salvador que está disponible para absorber nuestros miedos y que nos permite abrir y compartir presentes de significado y alegría.
– Se encontraron con Dios, débil e indefenso, en un establo. Ahora, éste era un ambiente que ellos entendían. Este mesías no estaba atrincherado detrás de las paredes del templo, a las que ellos nunca podrían traspasar. Y el hedor de las vacas y los burros de alguna manera hacía que las ovejas olieran bien. Nos regocijamos porque Dios está en casa en nuestro mundo, y accesible en donde vivimos.
Todas estas son buenas razones para cantar en la navidad.
Pero la razón principal gira en torno al hecho sorprendente de que, aunque los pastores nunca aparecen de nuevo en los evangelios, en sus enseñanzas Jesús da un lugar prominente a am haaretz.
Él se conmovió profundamente por la multitud que eran como ovejas sin pastor (Mateo 9:36). El juicio final es la separación de las ovejas de los cabritos (Mateo 25:33). Se identifica a sí mismo como el buen pastor (Juan 10:1-5).
Al salir del aposento alto después de la última cena y dirigirse al monte de los Olivos, Jesús cita a Zacarías a los discípulos que pronto serán devastados: “Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño será dispersadas” (Mateo 26:30-31). Claramente, él es quien será atacado, y mucho antes de lo que ellos se imaginaban.
El pastor Jesús hace una última aparición dramática en Apocalipsis 12. En esta historia inadvertida de navidad, la encarnación es reformulada en imágenes apocalípticas. María, vestida con el sol, la luna bajo sus pies y una corona de 12 estrellas en su cabeza, se afana para dar a luz a su bebé. Satanás, el enorme y poderoso dragón rojo, espera el nacimiento para poder devorar al recién nacido.
Pero el niño que “pastoreará a todas las naciones” (por alguna razón muchas versiones bíblicas presentan la palabra griega poimainó como “regirá a las naciones” pero ésta, según el Strong’s Bible Concordance, se traduce literalmente como “actuar como pastor”) es arrebatado a la seguridad del trono de Dios, mientras que Miguel y sus ángeles prevalecen en la guerra contra Satanás y sus ángeles (Apocalipsis 12:5).
Me hace muy feliz en la navidad el hecho de que mis compañeros de la tierra fueron los primeros en recibir a quien gobernará las naciones. Y él se vio reflejado en ellos.
Vengamos, celebremos a los pastores de la navidad. De verdad.

wilderness point mug

Craig Bird es Profesor Asistente de Comunicaciones Interculturales y Misiones.
 

 

 

 

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